21 may. 2009

CARTA ABIERTA A MUJICA

Jorge Capelán

Estimado Pepe:

Esta semana tenía pensado escribir sobre el festival okupa en la pequeña y desarrollada ciudad universitaria de Lund, en el Sur de Suecia. Pensaba contar la historia de los mil jóvenes y personas de todas las edades que el sábado por la tarde se concentraron en la plaza principal de la ciudad. De como, a pesar del masivo despliegue policial con chanchitas, perros, caballos, tiras y hasta un helicóptero que no dejó de sobrevolar Lund durante todo el fin de semana, se lograron tomar tres casas y edificios por diversos períodos de tiempo usando métodos de resistencia pacífica activa, sin tirar una piedra o un cóctel molotov, con payasos, jugadores de fútbol, bandas de música y mamelucos blancos. También tenía pensado escribir sobre el abundante uso del spray de pimienta, de los bastonazos y de cómo a una mujer un milico le quebró tres dedos de una mano. A una amiga mía de más de 50 años la empujaron contra la pared y la dejaron sin aliento. A su hija de 16, le torcieron el brazo y se lo dejaron inservible por unos cuantos días. Es que el problema de la vivienda es bastante grave en Suecia, ¿sabe? Según cifras oficiales, hace cuatro años habían unas 17.000 personas sin techo, hoy en día son muchas más. Pero esas sólo son las que duermen en la calle o son obligadas a prostituirse para tener algún lugar dónde pasar la noche. Los hay quienes tienen la suerte de encontrar un lugarcito en un hogar para indigentes y, si las peleas entre borrachos y drogatictos no son muy continuas, hasta pueden conciliar el sueño por unas horas. En realidad, son varios cientos de miles los habitantes de este país que viven en condiciones precarias. Las estadísticas no cuentan, por ejemplo, a decenas de miles de sin papeles que se apretujan hasta diez o quince en piecitas de apartamentos de los suburbios por las que pagan sumas escandalosas. Ser jóven y sin plata significa para muchos andar saltando de cuarto en cuarto, alquilando a menudo sin contrato y arriesgando a que lo echen a uno en cualquier momento. Suecia es un país que construye casinos y pistas de golf, hoteles y centros comerciales, casas de lujo y "gated communities", ¿apartamentos de alquiler para personas sin plata en el banco? No. No es rentable, dicen.

Del tema de la vivienda en Suecia se puede hablar largo y tendido. Sin embargo, me veo obligado a escribirle estas líneas en voz alta, para que lo lea todo el mundo.

Me causó estupor y un gran pesar el toparme con un artículo de su blog del 30 de marzo (1) en el que escribe: "...miro a Suecia y me da envidia, miro a Dinamarca y me da envidia, miro a Nueva Zelandia y me da todavía más envidia, porque es como mirar la foto de lo que pudimos ser y no somos." De Nueva Zelandia no sé mucho, simplemente que una de cada cinco personas - por casualidad, indígena - está por debajo de los niveles mínimos de alfabetización. Las cifras han empezado a cambiar un poco desde que en 2003 Cuba se ofreció para ayudarles con el método "Yo sí puedo" (el mismo que con tanto éxito se aplica en Uruguay, según tengo entendido). Sobre Suecia y Dinamarca sé un poco más, y la verdad es que pienso: "¡Pucha, a qué poco aspira el Pepe!"

Usted escribe que "le herramos fiero" (no sé quiénes "somos" los que "le herramos fiero"), que hay que tener "honestidad intelectual" y aceptar que esos son países en los que la gente "vive bien", que son "mundos decentes" en los que "pacientes políticos reformistas" han construído "sociedades que a la vez que se hacen más prósperas se hacen más humanas".

De Dinamarca, país miembro de la OTAN, con tropas en Irak, que hace de la persecusión de los extranjeros su deporte favorito junto con el fútbol y del acoso a los musulmanes la prueba máxima de su desarrollo cultural, que tiene un gobierno dependiente del apoyo del partido neofascista Dansk Folkeparti y que persigue a los antiguos resistentes a la ocupación nazi con leyes antiterroristas tampoco le voy a contar. Ya lo harán otros más expertos sobre el tema.

Mire, Pepe. En Suecia hay mucha gente que no vive bien. Y son cada vez más. Pregúntele a los 380.000 desempleados que hay en el país. Dentro de uno o dos años llegarán a ser más de 500.000 según el ministro de finanzas. La mitad de ellos hoy en día no tiene seguro de desempleo porque el gobierno aumentó las cuotas que hay que abonar. Uno de cada cuatro jóvenes está desempleado, la mitad o más de los jóvenes extranjeros están en el paro. Pregúntele a las 3 ó 4.000 personas al año que desde inicio de la década han sido expulsadas de sus casas por no poder pagar el alquiler. Un estudio de 2005 mostraba que uno de cada tres viejitos en los hogares de ancianos no recibían suficiente alimento porque los recortes de personal y los métodos industriales de atención hacen que se les dé a todos raciones iguales. Unos cien mil niños al año son víctimas del acoso escolar por parte de sus compañeros, producto de una cultura cada vez más violenta e inhumana. Al mismo tiempo, más de un tercio de las escuelas de este país, antes conocido por la famosa calidad de su educación, carecen de biblioteca. A los muchachos de los barrios pobres la policía los llama "monos de mierda" y amenaza con castrarlos. Cincuenta iraquíes sin papeles fueron metidos a la fuerza en un avión y despachados de vuelta a Bagdad, esposados y drogados a principios de este año. Al investigar, los periodistas descubrieron que las autoridades de este civilizado país borraron los nombres de los policías que hicieron el operativo ¿y usted pone a Suecia como ejemplo de sociedad más próspera y más humana?

Entre 1985 y 2005, las ganancias de los capitalistas aumentaron más del triple. A finales de los 90s, el 30 por ciento más pobre de la población ganaba 4.000 millones de coronas al año mientras que el 10 por ciento más rico, ganaba 330.000 millones. Esa décima parte de la población controla alrededor del 86 por ciento del capital accionario. Los niveles de desigualdad en la Suecia de hoy en día son los mismos de antes de la instauración del "socialismo" sueco. Este es el "avance" logrado por los "pacientes políticos reformistas" que han gobernado a Suecia durante los últimos casi treinta años: una reforma impositiva de 1982 que empezó a desmontar el sistema de impuestos progresivos, la desregulación del sistema bancario que desató la economía especulativa, una "adaptación" a la política económica de la Unión Europea basada en la lucha contra la inflación y el abandono del pleno empleo, dos paquetes anticrisis en 1992 con los que se pagaron las deudas de los bancos con la plata de los fondos de pensiones y recortaron sensiblemente el sector público, y después, varios años de neoliberalismo a fuego lento, con gobiernos de "izquierda" que poco a poco fueron desmontando lo que quedaba.

"Como el Uruguay no hay" pensaban algunos (cada vez menos) en aquellos años 60 en los que los uruguayos trataban de aferrarse al mito de Maracaná, de la tacita de plata y de la Suiza de América. Por aquel entonces Benedetti (que en paz descanse) escribía "El País de la Cola de Paja" y la generación que usted representó cometió el "error fiero" del que usted habla hoy en día y que consistía en pensar un futuro para el Uruguay más allá del capitalismo. Por aquellos tiempos los suecos, como buenos chauvinistas que son, le enseñaban a los niños en la escuela que Uruguay era "la Suecia de América". Diez años más tarde, y gracias al reformismo progresista de aquella Suecia que ya no existe, este país recibía a miles de uruguayos que huían de la tacita de plata. Pregúntele a esos uruguayos por la Suecia de hoy en día. Pregúntele cómo ven el ascenso del partido fascista Suecodemócrata, que probablemente entre al parlamento en las próximas elecciones. Pregúntele por los bonos "paracaídas" de jubilación de cientos de miles de euros que los jefes de las empresas se autorecetan por no haber hecho más que ganar plata toda su vida, pregúntele a esos uruguayos cómo ven su futuro.

Esta Suecia de "capitalismo decente" vive entre otras cosas de hacer miras láser para los helicópteros que tiran bombas en Irak y Afghanistan. El avión de guerra sueco JAS 39 Gripen, que nadie lo quería comprar, se lo quisieron meter a los checos y a los húngaros, entre otros, a punta de coimas. Los bancos de este país de capitalismo de rostro humano le metieron una cantidad extraordinaria de millones de euros a los países del báltico en préstamos basura. Ahora, como los países del báltico no tienen con qué pagar, a través del FMI los bancos suecos les exigen que recorten sus presupuestos en un 30, 40 ó 50 por ciento, que dejen a miles en la calle, que vendan sus hospitales y sus escuelas. ¿Es eso ser humano? No, discúlpeme, eso es ser un degenerado. ¿Usted quiere un Uruguay tan degenerado como la Suecia de hoy en día?

Claro, yo sé que me va a explicar que no hay que ser así, que la situación en Uruguay es de terror y de que vistos todos los males, la sociedad sueca parece muy decente y humana, y que vista desde allá la mierda de acá sabe bastante apetecible. A los uruguayos revoltosos de los años 60 se les explicaba pacientemente, y antes de militarizar los puestos de trabajo, reprimir las manifestaciones, encarcelar a la gente, torturarla, etcétera, que el Uruguay estaba muy bien comparado con Biafra, que la gente se quejaba por puro gusto, por ganas de joder la pava ... o por las famosas “ideas foráneas”. Es más o menos el mismo argumento de la clase política sueca de hoy en día (lo de las “ideas foráneas” ha sido sustituído por “populismo” o “ideas fallidas”). Es el argumento de nuestro ministro de estado Fredrik Reinfeldt, cuyo partido “moderado” (más reaccionario que Bush con escafandra) tiene como socios políticos en América Latina a ARENA de El Salvador, a ADN y ARN de Bolivia, a la UDI y Renovación Nacional en Chile, a RECREAR de Argentina y a cuánto facho suelto ande por ahí.

Si usted dice que tiene la “honestidad intelectual” de reconocer que le ha “herrado fiero” y de que el futuro del Uruguay debería ser como el de Suecia yo le digo: ¡Pobre Pepe y pobre Uruguay!

NOTAS:

(1) "¿El modelo sueco o el de Nueva Zelandia? ¡Me saco el sombrero!"

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