9 mar. 2009

A CONFESION DE PARTE RELEVO DE PRUEBAS








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Derechos humanos

Hace pocos días la Asamblea General del Poder Legislativo produjo nuevamente un debate acerca de los Derechos Humanos y en especial su violación en el ahora llamado “pasado reciente”. Tema recurrente desde hace lustros y de los que más aflige a vastos sectores de la sociedad.

Poco después estalló una nueva crisis en el INAU referida como casi siempre a motines, fugas y demás acontecimientos protagonizados, según se informa, por los menores transgresores (que han cometido delitos muchas veces graves).

Dicha “población”, según también se informa, asciende a poco menos de doscientas personas. Pero dicha Institución del Estado atiende hoy (por desgracia) a casi setenta mil. Cifra a la que llegamos subiendo desde hace años y que continúa su marcha creciente.

¡Escalofriante aún cuando no ocupe por sus hechos espectaculares, las primeras planas de la prensa y por lo tanto de la atención pública!

La violación ACTUAL de los Derechos Humanos queda expresada en números tan brutales y muestra una de sus aristas más calamitosas. Y es la Sociedad, dada esa cuantía, la que ha segregado, segrega y según parece seguirá segregando tamaño crimen. No somos salvos.

A su vez la situación de los “doscientos” bajo encierro o con medidas de seguridad rigurosas, se inscribe en la de todo el sistema carcelario del Uruguay que abarca hoy a unas siete mil personas adultas pero en su inmensa mayoría jóvenes.

Y todos sabemos, quién más, quién menos, que esa realidad además de inenarrable es monstruosa: un infierno sin atenuantes. La violación ACTUAL, sistemática y permanente de casi todos los derechos humanos, llega en ese inframundo que procuramos ocultar, a extremos que ni la Dictadura alcanzó. De los peores del mundo; sólo comparables con la situación de muchos enfermos psiquiátricos.

Hay entonces en el Uruguay de HOY (no en el de ayer) un gravísimo atentado (o varios) contra una minoría que estamos perpetrando desde hace ya tiempo entre todos.

Si a los que no fuimos amnistiados en 1985 se nos computó por Ley tres días por cada uno en prisión debido al maltrato, a estos presos uruguayos de hoy habría que computarles por lo menos diez por cada uno debido al pésimo trato que el Estado les propina. Esto es crimen de Estado.

Y como bien se alega, los crímenes cometidos por el Estado son mucho peores y condenables que los cometidos por los particulares: ¿Pero quién irá preso por ellos? La impunidad aquí también viene reinando. Pero a favor nuestro.

Alguien dijo que la cultura y civilización de un pueblo se mide averiguando como tiene a sus presos y a sus locos. Nada recomendable para el “tour” de los Cruceros que llegan a nuestras costas. ¿Nos habrá nacido una mala vocación de sepulcros blanqueados?

Por si ello fuera poco, nuestra irresponsabilidad llega a tanto que no vemos lo que rompe los ojos: carcelajes de esa laya son la fábrica más eficaz y eficiente de cada vez más feroces, eficaces, eficientes y hasta vengativos delincuentes. Dudo que Jesucristo puesto allí salga con amor a la Sociedad que allí lo puso (no olvidemos cuando “agarró” el talero y nos corrió del Templo). No soy creyente pero creo que si un Dios existe, en especial ese (que estuvo preso), hoy está preso en Uruguay. No cabe duda.

Soy del Gobierno y por ende me siento más culpable que nadie y, también siento, que mi derecho a reclamar por mis derechos humanos violados hace como cuarenta años, pierde potencia. Quiero ser coherente: cuando estaba allí hubiera agradecido de rodillas y en silencio que alguien se acordara de mí por lo menos escribiendo. Lo que está pasando en las cárceles y en otros ámbitos es peor que un incendio forestal o una sequía. Mucho peor.








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